Home/PERSONAJES/Entrevistas/Sabela Hermida: “María Casares es un icono absoluto en Francia y una gran silenciada en España”

Sabela Hermida: “María Casares es un icono absoluto en Francia y una gran silenciada en España”

NACHO PÉREZ DE LOS HEROS / Licenciada en Filosofía y polifacética actriz, Sabela Hermida (Vigo, 1979) es autora de la tesis doctoral “Desarrollo artístico de María Casares dentro del marco existencialista francés”, un trabajo que la llevó a descubrir la dimensión intelectual y artística de la que es considerada musa de Albert Camus, entre otros. Nacida en A Coruña en 1922 e hija de Santiago Casares Quiroga, presidente del Gobierno de la República en 1936, María Casares padeció la experiencia amarga de un exilio que, por otro lado, le abrió fronteras intelectuales y artísticas que alimentaron una personalidad fuerte, libre, comprometida y marcadamente gallega que nunca olvidó sus orígenes. En Francia es todo un icono y allí se encuentran los fondos documentales más importantes sobre su vida y obra. En la Maison du Comédien, la última residencia de Casares en Alloue, recordaron estos días el vigésimo aniversario de su muerte.  Aquí, el conocimiento y reconocimiento de su figura está, según explica Sabela Hermida, muy alejado de la importancia del personaje.

– ¿Cómo surge la idea de hacer una tesis doctoral sobre María Casares?

-Me licencié en Filosofía e hice un máster en Artes Escénicas, en teatro, música y danza en la Universidad Rey Juan Carlos; y tenía dos cosas claras: primero, que quería hacerlo sobre una mujer, que somos las más silenciadas dentro de los silenciados; y, por otra parte, quería hacer algo que relacionara la disciplina a la que me dedico profesionalmente, la interpretación, y aquella en la que me formé, la filosofía.

-¿Cuál era su conocimiento previo del personaje?

-Conocía el personaje por encima. La primera sorprendida de su dimensión y trascendencia fui yo. Primero, por todo lo que encontré, y eso que no tengo ni la cuarta parte de lo que es su vida; bueno, ahora un poco más. Pero también por lo poco trabajada y lo silenciada que estaba a nivel nacional. Cuando fui a Francia comprobé que allí era toda una diva, al nivel de una Sarah Bernhardt. Es un icono. Y no solo en Francia, también trascendió a Sudamérica. Por eso me pareció muy curioso que ni en España, ni en Galicia, tuviera ese eco. Es cierto que aquí hay unos premios Maria Casares, pero la gente no tiene casi idea de quién era, y no me refiero solo a gente del común, sino de gente formada. Aún así, sí he tenido mucha ayuda de gente como Lino Braxe, Miguel Anxo Fernán-Vello –que fue amigo íntimo de ella y ha escrito sobre ella-; a María Lopo

[editora de Cartas no Exilio] no la conozco, pero tiene mucho publicado sobre ella muy interesante; Alonso Montero, Inma López Silva…. Me fui relacionando con la gente que la trataba un poco más a nivel personal o profesional y de investigación. Y así empecé. Encontré también mucha conexión con ella a muchos niveles: por ser mujer, por gallega, por actriz, porque su padre defendió unos valores parecidos o semejantes a los que defendió el mío. También me ayudó Manuel Aznar Soler, un hombre muy interesante. Es catedrático en la Autónoma de Barcelona. Él hizo muchos escritos e investigaciones sobre María Casares, la vio actuar y es muy seguidor de ella.

-Además de esa sorpresa inicial, ¿hay algo que le sorprendiera especialmente descubrir en su investigación?

-Lo más importante es que sabía que era considerada musa, aunque he de decir que el término no me gusta demasiado porque parece que es un objeto a contemplar, una cosificación de la mujer; por eso creo que más que musa era un icono para la corriente existencialista francesa. Por un parte, por su compromiso ético, político, social; y, por otra, por su calidad artística. Vieron en ella alguien en quien plasmar su obra, como Sartre y Camus. Y se la llamó musa, pero musa muy activa, porque colaboró muy activamente en el trabajo intelectual de Camus. Fueron de la mano. No sabría decir quién influyó más en quién. Porque ambos se echan piropos mutuamente y se reconocen esa influencia. Los biógrafos de Camus dicen que María Casares es una figura fundamental en la producción intelectual y la vida de Camus.

-Eso demuestra que la musa no tiene porqué ser un objeto pasivo…

-No. Lo que pasa es que muchas veces se mal utiliza la palabra atribuyéndole ese cariz de “algo que inspira”, algo pasivo. A mí me gusta más llamarla musa activa, o icono, o símbolo. Yo también la defino como musa, pero explicando el matiz. María Casares era la imagen y la voz en quien representar y enviar el mensaje del autor y, además, ella colaboró tanto políticamente como artísticamente en la creación de esa corriente existencialista. De hecho, para mí María Casares es una actriz-filósofa. Tiene una teoría dramática muy potente. Lo que pasa es que no está aglutinado en ningún libro como teoría dramática suya, pero se podría hacer perfectamente. Se puede ver algo en Residente Privilegiada [su autobiografía]. Tenía una visión muy clara de lo que para ella era el teatro, el arte y la interpretación. Es muy interesante, y la comparto al cien por cien.

-Para usted, como actriz, también habrá sido una musa…

-Sí, para mí ha sido una musa. La admiración hacia ella está ahí. Yo la había visto como actriz en las películas que hizo, sobre todo en las de Cocteau –Orfeo y El Testamento de Orfeo– y me fascinaba como actriz; su mirada, su voz. Después descubrí más cosas que aún me enamoraron del personaje y de su personalidad. Recomiendo una entrevista que le hizo Joaquín Soler en el programa A fondo, en la que se puede ver a María Casares en esencia.

-Quise ver esa entrevista pero en los fondos de TVE sobre ese programa aparecen treinta y tantas entrevistas, pero no la de María Casares.

-Ve lo que le digo. Es muy fuerte.

-Pero la veré, porque está editada en vídeo y, al menos, sé que está en la Biblioteca Miguel González Garcés de A Coruña.

-Pues verá en esa entrevista que se retrata muy bien su personalidad, dice cosas muy interesantes, y se puede ver algo muy curioso, que es su marcadísimo acento gallego. Además, se ve a María Casares en su esencia y ya con una edad, con un recorrido. Y la entrevista también muy bien llevada, por cierto.


sabela hermida 2 -Dice que la ha visto en la películas pero, ¿hay grabaciones de alguna representación teatral que haya podido ver?

-Llevo detrás de eso mucho tiempo y no lo encuentro. En la Biblioteca Nacional francesa es donde más fondos tienen. Pero a nivel particular, quizás en los fondos del Teatro Nacional Popular, porque en los de la Comédie-Française ya pregunté y no hay nada. Pero tiene que haber algo en algún centro de imagen, posiblemente. Es algo que tengo pendiente porque para mí es una pena que hay mucha gente que la vio y me han contado, pero yo no he podido verla. Y aunque el teatro grabado no es lo mismo, pero me gustaría verla. Y voy a rastrear todo lo que pueda. De todos modos, su interpretación en el cine también es muy teatral, pero no es lo mismo.  Ella misma lo dice.

-Y además en su tesis cuenta que ella tenía un método que no sé si es muy habitual. Preparaba sus papeles implicándose en cuerpo y alma y sumergiéndose en el conocimiento del autor, de la obra, de su contexto…

-Sí, es lo que comentaba sobre su teoría dramática. Era entrega total. Ella hizo una renuncia absoluta de muchas cosas. Aunque también es contradictorio que ella misma decía que sin vivir mucho la vida, el teatro no es nada. Y de hecho vivía la vida intensamente. Pero sí que decía que sus hijos eran sus obras teatrales, y vivía por y para el teatro. Se levantaba y sólo pensaba en ensayar, en el momento de la función. Para ella era una unidad muy visible: teatro y vida. Su vida sin teatro no tenía sentido; pero tampoco podría haber una interpretación con verdad, si el ser humano no vivía intensamente todas las emociones y las pasiones. Para ella, cada día de función era una catarsis. También decía algo muy interesante, y es que en cada función, el último actor era el público, y que si no había encuentro con el público, no había verdad teatral. Y también era maravillosa su noción de equipo, que es totalmente verdad: desde el último técnico, al atrezzista, o hasta los actores –aunque alguno diga sólo una frase-, o el director, todo tenía que estar en comunión para lo que, para ella, era importante que era el mensaje a transmitir del autor. Lo que le interesaba realmente era el teatro poético.

-Era todo un carácter que, además, coincide en un tiempo y lugar en el que hay una vanguardia intelectual muy importante.

-Sí. Ella partía de una infancia privilegiada también a nivel cultural y artístico. Por una parte, lo que vivió en Galicia, que llevó siempre en la mochila, y lo que después vivió en el primer ‘exilio’, en Madrid, fue muy importante. Se relacionó con la élite artística, política y cultural. Por su casa pasaban desde Azaña, Negrín, Alberti, Lorca, Xirgu… Se relacionó con todos gracias a su padre –Casares Quiroga- y a su madre. Ambos tuvieron en ella mucha influencia y le permitieron tener una infancia privilegiada. Y luego, otra cosa que ella siempre ha defendido como un lugar de aprendizaje absolutamente maravilloso, era el Instituto Escuela. Y de hecho, ahí se inició en el teatro, la música, la danza. Ahí le dieron unas herramientas muy buenas para continuar. Y luego, ya en el exilio, con toda la dureza que supuso, llegó a esa ‘residente privilegiada’ –como ella dice en su autobiografía- en un momento políticamente muy complicado, y con las vanguardias en una ebullición artística, cultural e intelectual bestial. Ahí estaban Picasso, Cocteau, Genet, Sartre, Camus. Y más adelante, cuando va a Sudamérica, se encuentra con toda la magia del exilio gallego, con Seoane, con la viuda de Castelao… Tuvo encuentros maravillosos en su vida, y trabajó con Xirgu, con Alberti…

-Vivió el exilio desde muy joven y durante un periodo muy prolongado, ¿cómo fue su regreso?

-Tras morir Franco. Vino en 1976 para representar El Adefesio, porque se lo propuso Alberti. Ella quiso volver así, a través de todo lo que representaba. Primero dijo que jamás se haría ciudadana francesa –aunque tuvo oportunidad- porque quería mantener la condición de exiliada, como el resto de refugiados; y también dijo que no volvería a España hasta que Franco hubiera muerto. Pero también que quería volver a través de lo que era, es decir, teatro. Y cuando Alberti –alguien que ella admiraba, respetaba y quería- le propone hacer la Gorgo en El Adefesio, fue la ocasión ideal para romper con esos 40 años de exilio.  Aunque la experiencia no fue muy gratificante.

-El exilio es una experiencia existencial muy fuerte para cualquier persona. ¿También lo vivió ella así?

-Ella decía que cuando uno está exiliado, lo está para siempre, pero también se aprende que no hay fronteras. Y eso, desde su individualidad gallega, desde su condición de destierro total -que es también un sentimiento de angustia-, le dio también una capacidad de universalidad y de humanismo fantástica. Porque ella era una exiliada en el mundo como tantos.

-¿Llegó a tener un sentimiento de extranjera en su propia patria?

-Sí, totalmente. Ella lo pasó muy mal con su retorno a España. Se le quedó la espina de que, para ella, la memoria de su padre no había estado restaurada como merecía. Que nunca se le había hecho justicia. Por eso ella nunca quiso recoger nunca ningún premio que se le dio tanto a nivel nacional como gallego. Primero, porque tenía miedo a ser utilizada políticamente, y no quería ser bandera de nada ni de nadie -porque ella pensaba que su padre fue injustamente tratado-, y después, porque tampoco se hicieron las cosas como ella consideraba que tenían  que hacerse. Y aunque siempre tuvo a Galicia en su mente y su corazón, también le daba miedo volver a Galicia, porque tenía una visión muy idílica; y de lo que le pasó con el estreno de El Adefesio, pues aún le daba más miedo a volver.

-¿Nunca volvió?

-Aquí tengo una duda, surgida con posterioridad a la tesis. Porque hablando con Victoria Vera –que fue compañera suya en El Adefesio– me dijo que María Casares le había confesado que había venido a Galicia, de incógnito, uno o dos días. No lo sé a ciencia cierta. Fernán-Vello -eran amigos íntimos-, no lo ve probable. No lo sé. En cualquier caso, si vino, fue un viaje relámpago.

-Leí que la intención era venir en aquella época, después de las representaciones en Barcelona, pero que se puso enferma…

-Sí. Se puso enferma. Yo creo que era una enfermedad física, pero también emocional. Lo creo así por todo lo que ella dijo de la experiencia española. Ella mantuvo, incluso por escrito, que nunca volvió a Galicia, porque no quería romper el concepto idealizado que tenía de su tierra, no quería decepcionarse. Pero no sé qué pasó realmente.

-Dice en su tesis que fue un icono para los intelectuales de su época y que “representaba la dignidad de la España republicana”. ¿En qué se traducía esa dimensión política de su figura?

-No entró en política activa, pero estuvo siempre apoyando los actos que organizaban los refugiados españoles en la sala Pleyel de París. Los presentaba, recitaba los versos de los poetas represaliados como Machado o Lorca. De hecho, el gobierno de la República en el exilio le dio una medalla. Y sobre todo, ella decía que estaba obligada a representar la dignidad de su padre. Y por donde iba, sí defendía la república y los valores democráticos. Y aparte, con Camus en la Resistencia –aunque no llegó a entrar por circunstancias que no son tan importantes- sí colaboró e hizo de correo. Y apoyó actos de la Resistencia y organizó actuaciones para recaudar fondos. Siempre prestó voz, presencia a todos los actos tanto de la República como de la Resistencia. Y sobre todo, a través del escenario y del arte, contribuía mucho a eso. Porque siempre representaba obras de carácter social muy marcado. Político pero poético en el fondo, que era lo que quería, porque no le gustaba nada las obras que llamaba panfletarias. Pero iba más allá. Obras que muestran la dimensión humana y existencial Y también, además, a nivel personal ayudo mucho a los refugiados. Su madre y ella tenían su casa como un lugar de acogida y de ayuda a todos los refugiados que allí llegaban. A veces es más importante que estar en la política activa.

-Menciona su vínculo con Galicia. ¿En qué se plasma su ‘galleguidad’?

-Su infancia en Galicia la dejó marcada a nivel personal, tanto por su relación con la familia, como con los trabajadores que tenían sus padres en el campo. Es una influencia a nivel de tierra, de raíz profunda, de morriña. Galicia como paisaje y como paisanaje. Pero también la musicalidad del acento gallego. Para ella en Francia fue una ventaja, porque gustaba mucho allí y nunca lo quiso abandonar. Por eso su decepción y cabreo cuando quisieron castrar el acento al volver a España. Le cabreó muchísimo. Nos pasa a todas las gallegas que hemos trabajado fuera. Ella no entendía que en Francia le abriera puertas, y aquí se lo rechazasen. Pero también, en los Días de la Patria Gallega, recitaba en la radio los poemas de sus poetas preferidos como Rosalía y Curros. Y esa galleguidad se expandió y se multiplicó cuando llegó a Sudamérica y vio como la acogían los exiliados galleguistas. Seoane le dedicó innumerables programas, publicaciones en Galicia Emigrante. La entrevistó y se emocionó recitando el poema Saúdo de Curros, que no pudo ni tan siquiera acabar. Y desde ahí mandó muchas veces mensajes muy bonitos a la tierra que la vio nacer. Para ella, no habría nada más bonito que representar para sus compatriotas gallegos, lo mejor de ella misma, sobre el teatro. En cuanto a si utilizaba el gallego, es otra discusión habitual. Está claro que su padre pertenecía a una burguesía y seguro que era castellano-hablante. Pero también es cierto que escuché ese poema recitado por ella, y su dicción gallega es exquisita. Y es probable que en Montrove, con la gente del campo, sus primeros amigos, los hijos de los campesinos, tuviera controlado el gallego. Y además, su padre, no sé si le hablaba en uno u otro idioma o en ambos, pero ya desde los 5 años, en su casa de Panaderas, la ponía a recitar las poetas gallegos, de Rosalía, de Curros. Es claro que tenía un sentimiento por la cultura y la poesía gallega. Dice algo así como “Galicia soy yo; Galicia no soy yo. Pero soy un trozo de Galicia. Y moriré siendo gallega”.

sabela hermida 3-Me llamó también la atención una frase suya que recoge en su tesis: “Coido, e sentino sempre así, que a muller galega posúe unha liberdade innata”.

-Sí. Su madre era muy libre, y creo que la referencia de la libertad en la mujer estaba en su madre, porque sin tener una formación grande, dice que era muy inteligente y muy meiga, y una mujer muy libre, por supuesto. Yo creo que le partía de ahí, de la mujer rural gallega; y yo lo comparto. Puede parecer que en el rural hay más prejuicios, pero no es así, y todo es mucho más natural. Por ejemplo, con las mujeres que eran madres solteras; estaba más naturalizado, y estaban cuidadas. Incluso la sexualidad la viven de otra manera. Y su madre vivía la sexualidad de una manera absolutamente libre. Y, de hecho, compartieron un amante. Yo creo que ella, igual que se declaraba absolutamente feminista, nunca vivió el machismo en sus carnes, quizás también porque los hombres que tuvo la suerte de tratar tendrían muchas cosas superadas. Pero es que era un ser tan libre, como demuestran sus relaciones amorosas, que no creo que se dejara influir por ninguna actitud machista. Y yo creo la relación de sus padres era muy avanzada y liberal. Y su madre tenía claramente, sin esconderse, relaciones paralelas. Su libertad innata está ahí.

-¿Dónde es más apreciada, en España o en Galicia?

Hay más trabajos sobre ella realizados por personas gallegas, hombres y mujeres. Y ahí están los premios María Casares. Pero yo creo que, honestamente, falta mucho. Yo llevo dos años con la tesis leída y no había respuesta, salvo de algunos escritores amigos. Ahora [se refiere a las últimas semanas] es la primera vez que me hacen entrevistas sobre este tema. En Madrid sí me llamaron de la Complutense. Pero lo que está claro es que no se le ha hecho justicia.

-Este año es el veinte aniversario de su muerte. Y los premios María Casares son este mes de marzo. ¿Hay previsto algo?

-El día anterior a la entrega de los premios, y organizado también por la Asociación de Actores e Actrices de Galicia, habrá una jornada en el CGAI con la emisión de alguna de las películas en las que participó y, a continuación, tendremos un coloquio  José Luis Castro de Paz y yo. Y en la Radio Galega también me llamaron para grabar una intervención sobre María Casares en algo que emitirán durante este mes. Así que, afortunadamente –lo cual me alegra- parece que se está dando la trascendencia que se merece, y espero que siga. A nivel institucional, por ejemplo, no veo ningún interés. Y hablamos de alguien que, en Francia, es más considerada que en España Margarita Xirgu. Está considerada una de las trágicas universales, no solo en Francia, sino también en Sudamérica. Es aquello de que nadie es profeta en su tierra. Pero es un poco lamentable. Y pasa con tantos y tantas, sobre todo tantas.

-Ya para terminar, ¿le gustaría tener un María Casares?

-Jamás estuve nominada, aunque es cierto que he trabajado más fuera que aquí. A ver para el año próximo. Ahora estoy con varias cosas. Con ‘Manar’, que es un texto de Lino Braxe, sobre la vida de una mujer árabe en un campo de refugiados, con la que estaremos de gira por España. Ya lo estrenamos en Madrid y ahora volvemos allí y a otros sitios. Es un montaje precioso. También estoy con la compañía de Madrid con la que trabajo habitualmente y con la que iré próximamente a París unos quince días. Y también recientemente, con otra compañía de Madrid, estuvimos en Ourense y Vigo, con un montaje de poesía, música y danza. Parte de una idea de Javier Villán y es un canto a la pluralidad de España, a los poetas del exilio, etc. Y también estreno con Isabel Blanco, una comedia muy loca. O sea que para el año que viene algo habrá.  Los reconocimientos gustan y yo, que soy gallega hasta la médula, me hace más ilusión recibir cualquier cosa, o trabajar aquí, que hacerlo a nivel nacional. Lo digo del corazón. Pero lo de verdad importante es el reconocimiento, y eso lo vamos teniendo.


 

Quizá te interese

Fotos: Nacho Pérez de los Heros

Castigados a ver una obra maestra desde un rincón en María Pita

 

Firma del autor realizada a través del robot que transforma en trazos la danza de las abejas / Foto: N.P.H.

La danza de las abejas llevará tu firma al nuevo Gobierno

 

Foto: N.H.

Jaume Sanllorente (I): “Las ONG existimos porque los gobiernos no cumplen con sus deberes con los ciudadanos”

 

 

By | 2017-03-29T17:28:51+00:00 03/03/2016|Categories: Entrevistas, PERSONAJES|Tags: , , |1 Comment

About the Author:

Nacho Pérez de los Heros
Periodista. Licenciado en Ciencias Económicas. Especializado en información económica y empresarial, formó parte de la sección de Economía de La Voz de Galicia y coordinó la edición del Manual Básico de Economía en Galego editado por esa cabecera. Corresponsal del diario Expansión en Galicia durante cinco años, ocupó posteriormente el puesto de Delegado en la Comunidad para poner en marcha y coordinar la edición autonómica de este periódico. En el ámbito de la comunicación corporativa e institucional ha sido jefe de prensa de la Consellería de Economía y Hacienda de la Xunta de Galicia; y actualmente ejerce de forma independiente labores de consultoría de comunicación y generación de contenidos para empresas e instituciones diversas.

One Comment

  1. […] **http://laduda.net/sabela-hermida-maria-casares-es-un-icono-absoluto-en-francia-y-una-gran-silenciada… […]

Leave A Comment