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Las monedas sociales piden paso como alternativa real

NACHO PÉREZ DE LOS HEROS / Fíjense bien en la imagen que encabeza este texto. Son billetes que muestran imágenes de pulpo y percebe; de centeno y castiñeiro; de un faro marítimo típico de la Costa da Morte. Presentan un cuidado diseño que es obra del británico Tom Badley –uno de los creativos más acreditados en este campo- y bajo el nombre de costavales los podrán encontrar en Santa Comba (A Coruña) en  denominaciones de 1,2,5,10 y 20 unidades. Se trata de la última moneda social puesta en circulación en Galicia (el pasado mes de octubre) aunque quizás no de la última que se haya puesto en marcha en España, ni en el mundo. Porque las iniciativas de moneda social o complementaria –que lejos de ser recientes existen desde hace mucho- han cobrado un gran impulso tras la crisis financiera desatada en 2008 y sus consecuencias todavía palpables.

“El sistema financiero es la parte más importante del sistema monetario y cuando aquel colapsa existe una contracción monetaria. Eso es lo que hace que haya menos dinero en la economía y lo que propicia, en muchos casos, que se generen monedas complementarias”, explica Susana Martín Belmonte, economista e investigadora del Instituto de Moneda Social en Barcelona, que participa estos días en el V Encuentro Estatal de Monedas Sociales que se celebra en Alcalá de Henares. Allí se darán cita expertos en la materia y buena parte del medio centenar de iniciativas que se calcula que están operativas en España entre monedas sociales y bancos de tiempo activos. A nivel mundial, explica la experta, se calcula que pueden ser más de cuatro mil las experiencias. “Es difícil contabilizarlas porque siguen surgiendo más, pero ahora mismo hay muchas propuestas”, señala.

Pero, ¿qué es una moneda social? Por utilizar la definición que utiliza uno de los centros de recursos más acreditados sobre esta materia –Community Currency info–  las monedas sociales “son sistemas de intercambio que sirven como complemento o suplemento del dinero ordinario o de curso legal. Existen por todo el mundo en redes limitadas geográficamente, por sectores o por cultura y son creadas y dirigidas sin ánimo de lucro”.

Como los costavales que ha puesto en marcha la Asociación de Empresarios de Santa Comba, o la landra, que opera en el ámbito del Proxecto Integral Compostela (PIC), las monedas sociales responden a tipos muy diferentes con un nexo común: constituir una alternativa al sistema convencional y promover un impacto en su entorno. Susana Martín –también autora del libro Nada está perdido. Un sistema monetario y financiero alternativo y sano (Icaria, 2011)- explica que la característica común sería que buscan un impacto relevante en la sociedad, pero que éste puede ser diferente en cada caso: “algunas buscan soberanía monetaria, otras generar un sistema económico distinto, más igualitario; otras buscan un impacto ambiental, financiar una renta básica, o financiar el procomún. Cada propuesta de moneda social es un intento de modificar de la realidad por la vía monetaria”, concluye.

En el caso de la landra compostelana –que tiene una homóloga en Vigo- el objetivo de los promotores era construir un modo diferente de relacionarse y de convivir en comunidad. “Una búsqueda de satisfacer necesidades materiales y no materiales de un modo más humano y comunitario”, explica Marta Rodríguez Boo, promotora del proyecto que este año cumplió tres años y que tiene su ámbito de actuación en un pequeño grupo de miembros del área de Compostela. Los costavales, por su parte, son una experiencia algo atípica porque surgen de una asociación empresarial, aunque según declaran, también buscan un impacto que mejore la economía de la zona, movilizar los recursos humanos y empresariales inactivos, o ayudar a cubrir las necesidades básicas de la población más desfavorecida. “Veíamos lo que estaba pasando y que esta crisis no va a acabar nunca, por lo que buscamos alternativas para paliarlo. Y como las monedas locales sirven para fijar la economía en un área, lo  llevamos a cabo sin más”, resume el presidente de la Asociación Costavales, Manuel Amigo.

Ambas experiencias, por dimensión y alcance, son todavía proyectos en construcción, como en cierta medida también lo son otros más conocidos en el ámbito estatal, como el Puma en Sevilla, el Boniato del mercado social de Madrid, el Demos canario –enfocada a dar una renta básica a los partícipes- o la Turuta, de Vilanova i la Geltrú. En España, explica Susana Martín, los sistemas con más participantes son los de intercambio local, como las ecoredes en Cataluña, Valencia o Murcia; pero también el Puma de Sevilla. Pero en el ámbito internacional existen ejemplos de referencia más que consolidados. Las experiencias más llamativas por volumen, explica Martín, son el Banco Palmas en Brasil, el WIR en Suiza –que tiene más de 80 años y surgió tras la Gran Depresión- o el Chiemgauer en Bavaria (Alemania). “El Banco Palmas nació como método para generar una economía local y una prosperidad en el conjunto Palmeiras, un barrio de Fortaleza (Brasil). Y una vez que se puso en marcha la moneda social, la situación de esa comunidad mejoró mucho. Incluso el Banco Central de Brasil, que empezó atacando esta experiencia, después decidió restaurarla”, explica la experta. Como consecuencia de ese desarrollo, se creó posteriormente el Instituto Palmas y se está expandiendo la metodología: “A raíz de esto se han generado unas 200 monedas en Brasil, porque se han visto las ventajas del proyecto en términos de inclusión financiera y de mejora del nivel de vida de las personas que están en estos sistemas”. Muchas de estas iniciativas aparecen recogidas en un libro publicado en 2015 titulado El dinero de la gente (Icaria) Monedas locales y soberanía económica de Bernard Lietaer, John Rogers, Margrit Kennedy.

Monedas físicas y virtuales

Esos objetivos, compartidos por la gran mayoría de los proyectos de moneda social y bancos de tiempo, toman diferentes formas que, por supuesto, no tienen porqué traducirse en monedas físicas como los elegantes costavales. “Hay muchos casos de moneda digital y también se usa la cadena de bloque como tecnología, o bien sistemas tecnológicos más convencionales del tipo base de datos centralizadas. E incluso en vales de papel, o cartillas en las que se reflejan y firman las transacciones entre dos partes”, explica la experta. Estos últimos serían sistemas típicos de una primera fase de moneda social y que luego evolucionan hacia sistemas tecnológicos. En el caso de las landras de Compostela, no tienen moneda física y funcionan a través del sistema Community Exchange System (CES), sistema de intercambio de recursos que, según datos de 2014, integraba por entonces a unas 700 comunidades “más o menos activas en 62 países” y tenía el software traducido a 22 idiomas. En el caso de los costavales, sin embargo, nacidos como moneda física, están ahora preparando su salto a un sistema que combinará los billetes físicos con el respaldo tecnológico virtual siguiendo el modelo del  ekhi (sol en euskera antiguo) de Vizcaya: “nos asesoramos con ellos para incorporar los costavales a un formato digital a través de una aplicación telefónica que permitirá canjear y cargar moneda en el smartphone”, explica Manuel Amigo. Así, añade, les será más fácil extenderse por otros municipios de la Costa da Morte e incluso ofrecerlo a otras asociaciones de empresarios o a los ayuntamientos para cuestiones como las ayudas sociales. “Cuando dan una ayuda no saben cuál será su destino, si compra de droga, en el Eroski de turno o a dónde va. Y es una pena que no repercuta económicamente en la zona. Con esta aplicación, tú le podrías dar la ayuda a la persona y revertiría en la zona gastándose en los comercios locales adheridos al sistema”, explica Amigo. Además, añade, no habría impedimento técnico por parte de las Intervenciones municipales ya que “tiene un mismo trato contable que un cheque o un pagaré”.

Precisamente el respaldo de algunos ayuntamientos a las monedas sociales es otro de las claves para su consolidación. Por un lado, están los ayuntamientos que, una vez creada una moneda social, la respaldan aceptando el pago de algunos servicios públicos o tasas en moneda social. Por otro lado, están las monedas impulsadas directamente por corporaciones locales. “Del primer tipo aquí en España hay varias: la Turuta en Vilanova i la Geltrú; o el Demos apoyado por el Ayuntamiento de Santa Brígida en Gran Canaria. Y del segundo tipo tenemos el caso de Santa Coloma de Gramenet que está empezando con un proyecto de moneda local desde hace pocos meses”, explica Susana Martín.

Pero también hay otro tipo de moneda social que no tienen una vocación local, sino que son más abiertas. Es el caso del Faircoop, de la Coop Integral Catalana, “que es una cripto-moneda, basada en la tecnología de cadena de bloque del bitcoin, y está bastante abierta a cualquiera que quiera participar”, explica Martín. O el Freicoin, que se define como una moneda electrónica P2P (peer to peer).

Investigación creciente

Paralelamente al desarrollo de las experiencias prácticas de monedas sociales, la investigación académica en este ámbito avanza también a nivel internacional. El Instituto de Moneda Social, por ejemplo, participa de una asociación  internacional de investigación  –RAMICS–  en monedas sociales y complementarias, constituida oficialmente en Francia pero que, según explica Susana Martín, “en realidad es un grupo internacional de investigadores, varios de ellos de España”. Susana Martín, miembro del grupo, explica que el objetivo es incrementar el conocimiento y difusión no solo de las monedas sociales, sino del sistema monetario en su conjunto. “Una de las cosas más importantes en este campo es comprender por qué es relevante crear monedas paralelas a las convencionales; y eso exige un conocimiento del sistema monetario que, por lo general, la gente no tiene. Nosotros investigamos y recopilamos las experiencias que hay, además de cuestiones como la medición del impacto de las monedas sociales, o cómo funcionan los distintos tipos y cómo se organizan”.  Precisamente en Barcelona se va a celebrar en 2017 la próxima conferencia internacional de monedas sociales, lo cual contribuirá, concluye, a poner en común el conocimiento acumulado y, sobre todo, “ver los enfoques alternativos a la ortodoxia dominante actualmente en el panorama económico y académico”.

Otra iniciativa que gira también en torno al sistema monetario es el movimiento Possitive Money, que tendría un carácter complementario “Lo que pretende es una reforma del sistema monetario pero desde arriba. Intentan que el Estado cambie el sistema monetario, y en lugar de ser los bancos los que creen el dinero, lo que proponen es que sea el Estado nada más”, explica Susana Martín.

Cambiar el sistema monetario no es a lo que aspiran los costavales ni las landras, al menos de momento. Pero participan ya de una corriente mundial que trata de buscar soluciones y alternativas para modificar su entorno más cercano mejorando la calidad de vida y las oportunidades del territorio. En la Costa da Morte, donde uno de los principales activos es el turismo, los costavales ya han contribuido a generar impacto. Y es que Tom Badley, tras realizar el diseño de los billetes, quiso visitar la zona atraído por la peculiaridad de la iniciativa y, quizás, porque intuyó que aquellos percebes y pulpo que tuvo que incorporar a los billetes, si merecían estar en la moneda, deberían ser algo especial.


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Nacho Pérez de los Heros
Periodista. Licenciado en Ciencias Económicas. Especializado en información económica y empresarial, formó parte de la sección de Economía de La Voz de Galicia y coordinó la edición del Manual Básico de Economía en Galego editado por esa cabecera. Corresponsal del diario Expansión en Galicia durante cinco años, ocupó posteriormente el puesto de Delegado en la Comunidad para poner en marcha y coordinar la edición autonómica de este periódico. En el ámbito de la comunicación corporativa e institucional ha sido jefe de prensa de la Consellería de Economía y Hacienda de la Xunta de Galicia; y actualmente ejerce de forma independiente labores de consultoría de comunicación y generación de contenidos para empresas e instituciones diversas.

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